Después de visitar el centro penitenciario más grande de Bolivia (Palmasola) y el CEPROM de Montero, Alejandro nos comparte su experiencia: cómo fue el acceso, qué impresión genera entrar por primera vez en una cárcel boliviana y las duras realidades del hacinamiento, la reinserción y la vida diaria entre los reclusos.
Centro de Readaptación Productiva Montero (CERPROM)
Todo comenzó con una entrevista previa con Mauricio Romero Catacora, director departamental del regimen penitenciario en Santa Cruz. La conexión fue inmediata, y tras semanas de coordinación surgió la oportunidad de grabar contenido dentro de estos establecimientos. A finales de octubre, Alejandro viajó a Santa Cruz con un plan inicial: visitar Palmasola. Sin embargo, el itinerario cambió. Debido a compromisos del director, la primera parada fue en Montero, localidad situada a una hora de la ciudad. Allí se encuentra el CEPROM, un centro creado para combatir el hacinamiento que sufría la carceleta local. Alejandro describe su primera impresión con claridad: “fue un golpe de realidad”. Al llegar al CEPROM, el acceso fue directo gracias al acompañamiento del director. Tras identificarse y atravesar un camino de tierra, apareció frente a él una estructura sobria, rodeada de muros, como salida de una película. Dentro, los contrastes eran palpables. A la izquierda, una cancha y algunas estructuras básicas. A la derecha, los bloques donde viven los internos, con personas amontonadas, pidiendo ayuda o dinero al ver visitantes. El choque emocional fue inmediato: “conoces dos realidades distintas: presos que intentan aprovechar su tiempo con carpintería, mecánica, artesanía. Otros, se han abandonado por completo.”
Antes de grabar, Alejandro preguntaba a cada interno si se sentía cómodo contando su historia. Algunos aceptaron. Otros, directamente le dijeron: “eso no se pregunta.” Uno de los testimonios más duros fue el de un hombre acusado de abusar de su hija. Él asegura ser inocente y lleva casi cinco años en detención preventiva, sin juicio, sin recursos económicos y atrapado en trámites judiciales que no avanzan. Una historia que recuerda a otros casos internacionales donde la lentitud judicial cambia vidas enteras. Palmasola: controles estrictos, acceso limitado. Al día siguiente, Alejandro visitó Palmasola, la prisión más grande de Bolivia y una de las más conocidas de Sudamérica. El acceso fue mucho más complicado: Registro estricto con documentos. Retención temporal al mencionar que venía a grabar. Llamadas internas para verificar permisos. Sellos en la muñeca para autorizar la entrada. Las entrevistas tuvieron lugar en oficinas internas, y los reclusos acudían allí bajo supervisión. La mayoría eran internos “delegados”, responsables de coordinar actividades productivas. Alejandro destaca un patrón común: “muchos internos se aferran a la fe y al deseo de reencontrarse con sus familias. Su mayor esperanza es salir y empezar de cero.”
Antes de entrar, Alejandro quedó impactado por la cantidad de vehículos que entregaban víveres: fruta, huevos, harina, fideos, papel higiénico, etc. No eran familiares, sino proveedores que trabajan por convenio con la prisión, todos controlados por la policía antes de entrar. Dentro de Palmasola incluso circulan pequeños coches para trasladar visitantes y funcionarios debido a la enorme extensión del penal. A diferencia de España, Alejandro observó que dentro de la prisión hay policía armada, mientras que muchos funcionarios administrativos, abogados o estudiantes en prácticas entran sin armas. La relación con los internos —al menos con los más responsables— suele ser cercana y respetuosa. Sin embargo, también existen pabellones más conflictivos donde la distancia es esencial.
El hacinamiento es una realidad visible, especialmente en centros como Montero. A pesar del espacio exterior, los dormitorios y pabellones están saturados. “Mientras me iba, un oficial dijo: ‘Mañana llegan 90 personas más’. Y yo pensé: ¿dónde van a entrar?” En Palmasola la situación depende del pabellón. Los internos con mejor conducta son trasladados a zonas más tranquilas, donde pueden vivir mejor. El contenido que viene: vídeos desde dentro Alejandro ya está trabajando en dos vídeos completos, uno para Montero y otro para Palmasola, además de extractos temáticos sobre: Hacinamiento Actividades productivas Testimonios personales Relación entre policías, funcionarios e internos Procesos judiciales y detención preventiva
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Las visitas a Montero y Palmasola muestran un sistema penitenciario lleno de contrastes: esperanza y abandono, reinserción y burocracia, orden y hacinamiento. El testimonio de Alejandro es una ventana directa a una realidad que pocas veces se muestra con tanta claridad. Desde Funcionario de Prisiones seguiremos trabajando para dar voz a estas historias y acercar al público el funcionamiento interno de los sistemas penitenciarios del mundo.
Estudiante de diseño gráfico., apasionado por la comunicación visual
Boliviano de 23 años, actualmente colabora con el proyecto de funcionario de prisiones, desarrollando contenido estratégico para redes sociales. Su enfoque combina la creatividad gráfica con el impacto social.
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