Juan Leandro

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Adaptando la personalidad para poder aprobar la oposición

Siempre me he considerado una persona extrovertida, sociable, etc. Una de esas personas que recarga las pilas saliendo a comer con amigos o de fiesta. Poco a poco con el estudio he tenido que cambiar algunos hábitos para ser más introvertido y estudiar más. Pero sorprendentemente estoy más feliz ahora que nunca porque sé que estoy trabajando en mí y sé que estoy en el buen camino para aprobar la oposición de funcionario de prisiones. 

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Historia de transformación de un opositor

Siempre me he considerado una persona optimista, vital, alegre y positiva pero desde la pandemia todo en mi vida se comenzó a torcer y nada de lo que intentaba me salía como yo esperaba. Las malas noticias se encadenaban una tras otra y anhelaba poder celebrar algo bueno que se resistía a llegar, cundió el desánimo en mi día a día y un velo gris de tristeza se adueñó de mi mirada contagiando a su vez a toda mi esencia, afectando a mi ánimo y carácter antes feliz y ahora apocado y melancólico entrando de forma peligrosa en la depresión más honda y espantosa. Para empeorarlo todo un poco más si era posible, el desánimo general y abatimiento se mezclaron de forma nefasta con sustancias estupefacientes que nublaron aún más mis entendederas, ahogando mis penas en humos tóxicos que envenenaban mi cuerpo, atrofiaban mi cerebro y me alejaban de la realidad situándome en una realidad paralela. Un día toqué fondo y me percaté de que estaba pasando el peor momento de toda mi existencia, ideas cuasi-suicidas se llegaron a aparecer por mi cabeza al no ver la luz al final del túnel, ese día un amigo de los de verdad (Juan Leandro del Viejo) me abrió los ojos y la mente con una sesión de coaching personal que me salvó al borde del precipicio. 

Esa sesión de coaching me ha cambiado la vida y a raíz de ella mantuve al parásito del dolor (término acuñado por el escritor alemán Eckhart Tolle en su libro "El poder del ahora") en huelga de hambre; desterré todos esos pensamientos negativos sobre el pasado, los cuales me impedían avanzar y me mantenían anclado a la tristeza melancólica de no haber estudiado más y mejor durante mi época de juventud alocada e inconsciente, me ayudó a no pensar en el futuro que son preocupaciones y a centrarme en el aquí y ahora que es a lo que se reduce la vida. El presente es lo único que tenemos y me puse manos a la obra a cambiar mi vida en vez de seguir lamiéndome las heridas por lo que no había hecho, poniendo todas mis fuerzas y centrando el foco de mi energía en lo que podía hacer en vez de en lo que no había hecho. Tomé la decisión de prepararme unas oposiciones, la oposición de funcionario de prisiones (IIPP) y ser funcionario público.

Una vez que elegí las oposiciones que iba a estudiar me marché medio año a trabajar a una isla del archipiélago canario, necesitaba ahorrar dinero para poder estudiar sin agobios económicos así que trabajé mucho y renuncié por completo al ocio para poder ahorrar lo máximo posible. Las escasas horas libres que disponía las dedicaba a estudiar y apenas salía del recinto donde trabajaba y vivía, no me relacioné con nadie durante ese tiempo y los compañeros de trabajo me etiquetaron como un tipo aburrido, soso, amargado y obsesionado con el dinero. Resulta curioso cuando siempre me ha gustado ser el alma de la fiesta, el que animaba el ambiente y la persona que alegraba allá por donde pisaba pero tenía muy claro que no iba a hacer amigos ni a divertirme sino a ahorrar y a depurarme. Me encerré en mí mismo y abandoné todo hábito tóxico en forma de humos venenosos, recuperé mi amor por el deporte y la actividad física y mental me proporcionaron más placeres que cualquier juerga, borrachera o mujeres en cuyas caderas no se pone nunca el sol.

Me presenté al examen sin haberme preparado lo suficiente para ver cómo era aquello, el no aprobarlo hirió profundamente mi amor propio y me propuse que no me ocurriría lo mismo la próxima vez que acudiera a examinarme. El 10 de enero comenzó mi dedicación plena al estudio intensivo; una vez de regreso a la península y con dinero en mi cuenta corriente, con la mente y el cuerpo libre de las poderosas garras del veneno de la droga, las baterías recargadas, la cabeza despejada, los ánimos renovados, y muchas ganas comencé a estudiar cinco días a la semana. Además, tuve la idea de asociarme con mi amigo Juan Leandro (que además de coach es ingeniero) para crear un producto nuevo y diferente grabando un resumen del temario de prisiones en formato audio. Así es como se inició este proyecto, siempre me ha gustado la radio y la comunicación y el audio es un formato que me encanta. En mayo reduje el día libre a un día y medio, En julio a sólo un día y desde el 1 agosto no me tomo ni un día libre y estudio una media de diez horas diarias. Comencé practicando deporte dos días a la semana y ahora lo hago tres días, he renunciado de forma voluntaria a las relaciones sociales y cosa increíble en mí no extraño salir de juerga ni conocer amigas que me abran los mapas de la diversión.

La disciplina y la constancia siempre habían sido mis puntos débiles y ahora son mis fortalezas, se están produciendo una serie de cambios en mi persona que a veces me da hasta vértigo pero lo mejor es que no he vuelto a fumarme los problemas sino que ahora los encaro con valentía y decisión. Es algo paradójico que siempre he sido una persona con mucha vida social; me encanta dialogar y debatir, conocer personas nuevas, experimentar el placer de sentirme deseado por una mujer, la vida de crápula y disoluta del que sólo quiere colocarse y estrujar cada minuto como si fuera el último, el abanderado del “ carpe diem” y sin embargo ahora tan sólo quiero estudiar, estudiar y aburrirme de estudiar. 

Ha sido el verano de mi vida que menos he salido de casa, he renunciado a ferias, fiestas, jolgorios, mujeres, vicios pero lo más gracioso es que no ha sido una tortura ni mucho menos. Todo ha sido una decisión personal e intransferible tomada sin mayores molestias, hasta el punto de que no me apetecía en absoluto lo que antes me apasionaba y a veces he llegado a pensar que me estaba convirtiendo en un monje de clausura o anacoreta porque no quería ver a nadie, hablar con nadie ni estar donde hubiera mucha gente. 

Lo único que deseaba era sentarme a estudiar y seguir asimilando conceptos, hacer deporte como nunca y pasar el poco tiempo libre con mi familia y alguna barbacoa de la amistad con los dos o tres amigos íntimos. Durante los primeros meses de estudio llegaba a dolerme el trasero de estar sentado, ahora mismo ya está hecho el callo y no siento nada porque tengo la firme determinación de aprobar mi plaza, es algo que sólo depende de mí por lo que sin sacrificio no hay recompensa y cuando la cosa se pone dura los duros son los que duran. Autor: Joaquín Manuel Cuevas Ortiz

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